Uno de esos rincones está enclavado en el primigenio núcleo de la ciudad y al borde de lo que antaño fue judería. Hablamos de la entrañable plaza de Fabio Nelli. En esta recoleta plaza en la que el tiempo parece haberse detenido, se encuentra el palacio que le da nombre y hoy actual – también olvidado – museo de Valladolid. Es de las pocas representaciones de arquitectura civil palaciega que nos queda del siglo XVI, con una preciosa fachada – desconchada en su pintura – flanqueada por dos orgullosas torres. Fabio Nelli fue uno de los banqueros de los que se sirvió Felipe II para financiar su imperio y costosas campañas militares. Su patio porticado y su escalinata de acceso a las plantas superiores nos recuerdan las formas italianas de las construcciones de la época. Esquina con dicho palacio, se encuentra el también palacio de los Valverde que conserva en su fachada dos estatuas – masculina y femenina –que según la leyenda no serían sino las de la dueña de la casa y su amante criado, puestos a despecho de un cornúpeta marido. ¡Qué tiempos!
Entrando por el lateral del palacio, damos con la calle de Expósitos, ya en plena judería; y a mitad de la misma, a mano izquierda, se abre una de las calles mas castizas y guapas de Valladolid: Santo Domingo de Guzmán. Sus conventos con tapial a un lado y al otro una sucesión de casas pequeñas, molineras, de dos plantas, la convierten en un espejo del Valladolid de La Corte de los s. XVI-XVII. Recorriendo esta empedrada calle salimos a la Iglesia de San Agustín, hoy archivo municipal y, ¡esta vez sí! afortunadamente rehabilitada. ¡Qué bonito su entorno con el Museo de Patio Herreriano! Y una vez más, qué olvidado y poco frecuentado.
Desde Fabio Nelli sale la calle San Ignacio, a un lado con el palacio de los Muras, enfrente con la iglesia de San Miguel, antigua San Miguel y San Julián, una de las primeras parroquias de Valladolid; al otro lado, dirección a San Pablo, nos encontramos a mano izquierda una verja y un pequeño patio. Si lo franqueamos, tras un pasadizo, nos encontramos otra de las “joyas” ocultas de Valladolid: La Plaza del Viejo Coso, antigua plaza de toros octogonal de la Villa y que hoy cumple como magnífica corrala de casas con un bucólico jardín en el centro. Para terminar, saldremos a la plaza de Las Brígidas arbolada y con el palacio del Los Butrón dando aire noble a uno de sus laterales
En homenaje al Valladolid que pudo ser y no fue, este recuerdo.
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Fecha: 2007-06-07